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La novela de Paula Hawkins publicada en el 2015, “La Chica del Tren“, da un brinco instantáneo a la pantalla grande con la adaptación del director Tate Taylor.

Rachel (Emily Blunt) es una mujer que esta lidiando con su vida después de su divorcio. Cada vez que toma el tren de camino al trabajo pasa por su antigua casa, en la cual vive su ex esposo con su pareja, trata de evadir el dolor y se enfoca en una casa en la que imagina una vida armoniosa para la pareja que vive ahí. Un día al pasar frente de esa casa, Rachel ve algo fuera de lo habitual y entra en un estado de ira con ayuda del alcohol. A la mañana siguiente Rachel despierta con golpes y sangre en su cuerpo sin saber que ocurrió, la policía tiene a Rachel como principal sospechosa por el extravío de la mujer que observaba.

La película tiene muy buenas bases con ayuda de la novela para lograr una fiel y buena adaptación. La narrativa que se desarrolla en los tres personajes femeninos genera complejidad y misterio en los hechos ocurridos y distintas percepciones con distintas personalidades. Esto es uno de sus elementos favorables para generar el ambiente necesario en el filme. La soledad y la depresión es el factor más importante, y es explotado en cada uno de los personajes ya que cada quien lo experimenta de distintas formas. El director decide explotar este elemento más drásticamente en todos los aspectos con elementos como la iluminación grisasea, la fotografía con bastante estilo holandés, y un score de Danny Elfman tenue, lento y con sensaciones de emociones tristes.

Esta decisión es necesaria para resaltar las vidas de los personajes, principalmente la de Rachel, pero el costo es caro ya que la cinta se vuelve lenta y bastante densa para desenvolver la bola de problemas. En el momento del climax hay un intento en el que la película trata de cambiar repentinamente todas esas sensaciones, pero ya es demasiado tarde.

Más que una película basada en una novela, esta luce más como un ejercicio emocional de como manejar la depresión y sus repercusiones. El cual nos muestra que tan decepcionantes pueden ser los actos humanos entre nosotros.

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